Del brindis en Olivos a las pericias psiquiátricas: El último capítulo del culebrón Alberto y Fabiola

Lo que comenzó con una foto clandestina de tortas y copas de champagne en plena cuarentena estricta, ha mutado en un thriller judicial con tintes de comedia negra. Fabiola Yáñez, la ex primera dama que alguna vez fue la anfitriona del asado prohibido mientras el resto del país no podía despedir a sus muertos, ahora debe enfrentar los tribunales porteños por una razón menos glamorosa: una pericia psiquiátrica.

El encargado de pedir este estudio no fue un fiscal implacable, sino su propia expareja y exjefe de Estado, Alberto Fernández. Sí, el mismo que en su momento culpó a «mi querida Fabiola» por la fiesta de Olivos, ahora intenta demostrar que ella no estaba en sus cabales cuando, según él, lo amenazó y le impidió ver a su hijo.

¿Inconsciencia o simple resaca del poder?

La justicia busca determinar si Fabiola sufría de una «alteración morbosa de sus facultades» o un «estado de inconsciencia» derivado del consumo de alcohol o psicofármacos. Es irónico: parece que la «inconsciencia» es el hilo conductor de esta pareja, solo que antes la aplicaban para ignorar sus propios decretos presidenciales de aislamiento social.

El peritaje intentará responder preguntas dignas de un guion de Netflix:

  • ¿Podía Fabiola comprender la criminalidad de sus actos?

  • ¿Estaba bajo los efectos de sustancias al momento de los hechos?

  • ¿Es hoy un riesgo para sí misma o para terceros?

Un despliegue de peritos para un amor vencido

Alberto, que no escatima en recursos cuando se trata de blindarse legalmente, ha designado como perito de parte a Rafael Herrera Milano, un psiquiatra mediático que ha pasado por los expedientes de Julieta Prandi y el femicida Fernando Farré. Un elenco de lujo para una obra que ya nadie quiere ir a ver.

Mientras tanto, la causa principal por violencia de género contra el expresidente sigue su curso, recordándonos que detrás de los chats filtrados y los reproches por «quién tomó más», hay denuncias de una gravedad institucional sin precedentes.

La moraleja de la fiesta interminable

Resulta difícil sentir empatía por los protagonistas de este circo cuando el escenario de fondo es la Quinta de Olivos, el lugar donde ambos decidieron que las reglas eran para los demás. Hoy, aquella impunidad se transformó en una guerra de trincheras donde la salud mental se usa como munición.

Fabiola puede elegir no presentarse, en cuyo caso la justicia decidirá basándose en sus historias clínicas. Pero el daño a la investidura ya es total: pasaron de los brindis VIP mientras la Argentina sufría, a pelearse por ver quién está más desequilibrado ante un juez de faltas. Un final a la altura del desgobierno que supieron construir.

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