«La prisión debería ser para los chorros, (como la señora), y para los del sector privado que hacen negocios turbios con el Estado”
Luego del “Tour de la Gratitud” por el centro de Mar del Plata, el presidente Javier Milei cerró ayer por la noche el festival libertario Derecha Fest con un discurso de fuerte tono ideológico, en el que apuntó contra sectores del empresariado, la dirigencia política y los medios de comunicación, y ratificó que su Gobierno no convalidará prácticas que definió como “negocios turbios con el Estado”.
Ante miles de militantes reunidos en un exclusivo club de playa, el mandatario defendió su programa liberal y presentó a su gestión como un quiebre frente a décadas de estatismo. “Si el capitalista es un benefactor social, aquellos que venden más caro y con peor calidad no son dignos del favor del mercado. Y si quieren hacerlo por la fuerza, deben desaparecer e ir a la quiebra”, lanzó.
Las declaraciones llegaron horas después del cruce público con Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, tras la adjudicación a la firma india Welspun del suministro de tubos para el gasoducto que unirá Vaca Muerta con Río Negro.
Por primera vez en décadas, una empresa extranjera desplazó a un proveedor local en un rubro estratégico: Welspun ofertó USD 203 millones por 480 kilómetros de ductos, un 25% menos que la última propuesta de Tenaris. Desde Techint denunciaron competencia desleal por el uso de insumos asiáticos a precios inferiores, pero el Gobierno descartó aplicar medidas antidumping y ratificó la licitación.
Referencia a Cristina Kirchner
Sin mencionar directamente al empresario, Milei recurrió a un juego de palabras para aludir a Rocca y profundizó su ofensiva: “La única prisión debería ser para los chorros, como la señora -en referencia a Cristina Kirchner.. Y no solo para ella, sino también para los socios que tiene en el sector privado que hacen negocios turbios”.
En la misma línea, advirtió que esas prácticas “no van a pasar en la Argentina, por más que le pongan toneladas de guita a los medios y a los periodistas corruptos”, lo que generó aplausos entre el público.
Antes del discurso presidencial, participaron del acto los diputados Lilia Lemoine y “Tronco”, y el titular bonaerense de La Libertad Avanza, Sebastián Pareja, quien destacó a Mar del Plata como uno de los “hitos históricos” del espacio. Milei retomó además su narrativa internacional y reivindicó sus exposiciones en el Foro de Davos como parte de una “batalla cultural” contra lo que denomina la ideología woke.
Críticas a la intervención estatal
En clave doctrinaria, el Presidente defendió las reformas encaradas desde su llegada a la Casa Rosada y sostuvo que la intervención estatal solo genera más distorsiones. “Terminamos en una maraña de regulaciones impresionantes que en Argentina lleva más de cien años, y que nosotros empezamos a desarmar con las reformas estructurales más grandes del último siglo”, afirmó.
También volvió a cargar contra el proteccionismo: “Lo popular sería que la gente pueda comprar más barato y mejor, pero están obsesionados con pagar caro”.
Durante su alocución, Milei insistió en que “el único monopolio malo es el que está creado por la ley” y rechazó nuevas regulaciones sobre sectores emergentes, incluso frente al avance tecnológico y la inteligencia artificial. “Le estamos enseñando a razonar a piedras y metales”, celebró, al tiempo que cuestionó a “los controladores de siempre”.
El cierre tuvo su habitual épica libertaria. Tras asegurar que la Argentina seguirá cambiando hasta convertirse en “el país más libre del mundo”, el Presidente pidió la bendición divina, arengó a sus seguidores con el clásico “¡Viva la libertad, carajo!” y adaptó el lema de Donald Trump: “Hagamos grande a la Argentina nuevamente”.










