Rastreando la huella invisible: el enigma del ADN de Leonardo da Vinci
Un consorcio internacional de científicos ha logrado un hito en la ciencia del patrimonio: la aplicación, por vez primera, de técnicas de análisis genético mínimamente invasivas a dibujos y manuscritos renacentistas vinculados a Leonardo da Vinci. El propósito es tan ambicioso como delicado: decodificar las huellas biológicas imperceptibles —un complejo amalgama de ADN microbiano, vegetal y humano— que han quedado impregnadas en estas obras tras siglos de historia.
Los resultados, presentados de forma preliminar en bioRxiv, esbozan un panorama fascinante. El estudio ratifica que es posible rescatar un «bioma compuesto» único para cada pieza; un registro genético que actúa como un espejo biológico de los materiales, el almacenamiento y las manos por las que han pasado estas obras. Sin embargo, el hallazgo más sugerente es el rastro recurrente de una señal genética masculina (el haplogrupo E1b1/E1b1b), un linaje característico del área mediterránea, presente en varios objetos asociados al genio florentino.
Pese al hallazgo, la comunidad científica mantiene una cautela rigurosa. El material genético recuperado es exiguo, está severamente fragmentado y es altamente vulnerable a la contaminación externa. Por ello, más que una confirmación definitiva del ADN de Leonardo, el estudio se erige como una herramienta vanguardista para la conservación y el estudio del arte.
El arte de tocar lo intangible
El desafío técnico era mayúsculo: extraer secretos biológicos de obras únicas y quebradizas sin alterar su integridad. Para sortear este obstáculo, se empleó la técnica del «doble hisopo», un frotado tenue y controlado de la superficie para recolectar micropartículas.
Este ADN de biomasa ultra baja convive con el «ruido» genético dejado por cualquier persona que haya manipulado las piezas recientemente. Para blindar el experimento, el proceso de extracción fue realizado íntegramente por investigadoras, evitando así que el ADN masculino de los científicos modernos empañara los resultados.
Entre las piezas analizadas destacan el dibujo en tiza roja «El Niño Santo» (atribuido a Da Vinci) y diversas cartas de su antepasado, Frosino di Ser Giovanni da Vinci.
Un ecosistema oculto bajo el trazo
Al secuenciar el material (mediante un enfoque metagenómico), no surgió un solo perfil, sino un mosaico biológico heterogéneo. Cada obra reveló su propia «partitura genética»:
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Vestigios botánicos: Trigo sarraceno, sauce y pino, posiblemente procedentes del papel o de los materiales del taller.
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Símbolos de estatus: En «El Niño Santo» se detectó ADN de cítricos (Citrus spp.), un detalle revelador, pues los Medici —mecenas de Leonardo— eran célebres por sus exóticos jardines de limones y naranjos, símbolo de su inmenso poder.
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Historias de salud y degradación: Se hallaron rastros de hongos que corroen el papel, bacterias cutáneas y, sorprendentemente, trazas de Plasmodium spp. (parásito de la malaria), enfermedad que fue un azote constante en la Italia del Renacimiento.
La tenue señal del cromosoma Y
La fase más audaz fue el rastreo del linaje paterno. En las muestras vinculadas a Leonardo, apareció una señal persistente pero sutil del haplogrupo E1b1b, común en la Toscana. Si bien una de las muestras de «El Niño Santo» arrojó una probabilidad del 78% de pertenecer a este linaje, los científicos advierten que este grupo genético también abunda hoy en día, lo que dificulta distinguir entre el rastro histórico y una contaminación accidental.
Un detalle intrigante es la presencia de la subrama E1b1b1b-M81, frecuente en el norte de África. Esto podría sugerir un componente genético antiguo en la familia Da Vinci o, simplemente, ser el resultado de una manipulación posterior por algún coleccionista.
Conclusión: una puerta abierta al pasado
Más allá de la fascinación que despierta la figura de Leonardo, el verdadero triunfo de este trabajo es metodológico. Se ha establecido un protocolo de referencia para estudiar el patrimonio de forma no destructiva.
La historia ya no solo se lee en la caligrafía o en la maestría del claroscuro, sino también en estos trazos genéticos infinitesimales. Con humildad científica y tecnología de vanguardia, el ADN comienza a revelar nuevas y profundas capas de nuestra memoria cultural.










